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Post de Bloguionistas: Sin futuro y sin remedio

Una vez más, recupero un post del blog Bloguionistas, esta vez escrito por Javier Olivares.

No suelo escribir de política, ni de problemas culturales, sociales, económicos… en un blog como este. Más que nada porque considero que este espacio es más para hablar de cine, música, teatro, museos… es decir, decir mi opinión sobre aquello que veo y me gusta (o no). Muy pocas veces me he saltado esta norma: una fue para hablar un poco del movimiento 15-M y sus posibles problemas de base… he estado tentado de hablar sobre toda la problemática Megaupload pero mis amigos ya saben lo que opino y no necesito decirlo aquí, porque es algo bastante complejo como para desarrollarlo en algunas líneas.

Pero, como digo, en el post “Sin futuro y sin remedio” de Bloguionistas hablan alto y claro sobre una notícia que ha llamado la atención, pero que en cambio no ha movilizado a la indústria (al menos no tanto como el problema Megaupload). La notícia fue: TVE paraliza la emisión de sus grandes series (de gran audiencia) y proyectos futuros.

Qué significa esto? Pues a continuación tenéis todo el post original (es largo, lo sé, pero merece la pena!):

La reacción: quitando los propios perjudicados por trabajar en el medio, ninguna.

Incluso en internet, ese pozo sin fondo, en los comentarios sobre la noticia, los lectores responden mayoritariamente con frases como “me da igual, a mí no me gustaban”, “¡¡¡¿¿¿¿600.000 euros cuesta un capítulo???!!!.. La cantidad de cosas que se pueden arreglar con esa pasta…”, “el recorte tiene que ser para todos y la televisión es menos necesario que la sanidad”, “desde que los actores dijeran No a la Guerra no veo nada donde salgan, que les den”, etc, etc… Lo cual demuestra que, sin ánimo de ser elitista, ahora que cualquiera puede opinar, la red se llena de demostraciones de ignorancia. Porque para opinar hay que: 1) centrarse en el tema del que se eestá hablando / 2) saber de él. / 3) dejar la mala baba para sus visitas al psicólogo. / 4) Saber que hacer las cosas, aunque sean series, cuestan un dinero y saber, de paso, la diferencia de nuestros costes (mucho menores) con las producciones extranjeras de países del nivel del nuestro.

¿Qué dicen los medios? Nada. Informan (y tarde). Pero nadie se atreve a analizar la situación. ¿Para qué? No suelen hacerlo nunca. Y menos en estos temas, donde la especialización es tan baja que muchas webs de simples aficionados informan mejor de la televisión que ellos (aunque siempre, por supuesto, con un énfasis en lo externo: cuando una serie es inglesa o made in USA, se citan guionistas, creadores. Las españolas se escriben solas).

O tonterías o la nada más absoluta: esa es la reacción. Y habría muchas cosas que decir. A saber.

1) EL PELIGRO DE DESMANTELAMIENTO DE UN SECTOR INDUSTRIAL IMPORTANTE. Un sector que genera riqueza y muchos puestos de trabajo. Las audiencias de las series en peligro son y pueden ser las mejores de este país y su efecto público es máximo. Por menos que eso, se habla de alarma social en otras ocasiones.

2) LA DEMOSTRACIÓN DE LA INCAPACIDAD DE NUESTROS POLÍTICOS. Primero se quita la publicidad de la televisión pública sin buscar alternativas (ni canon, ni un plan de viabilidad). Eso lo hizo el anterior gobierno a cambio de redondear las cuentas de ganancias de las cadenas privadas, que se llevaron todo ese pastel publicitario. ¿A cambio? Apoyar un lobby y no recibir demasiadas críticas… Y abrir la puerta a lo que pasa ahora. Y lo que pasa ahora es que el actual gobierno tiene las manos libres para, con estas medidas…

Algunos dirán: pues que vuelva la publicidad a TVE. Error. ¿Alguien se cree que las cadenas privadas van a perder  los beneficios que tienen con esta medida? Ejemplo: el actual gobierno (improvisando, como siempre por estos lares) dijo en un primer momento que no se descartaba que volviera la publicidad a TVE. Al día siguiente, se descartó. Entre una cosa y otra, no me cabe duda, los teléfonos debieron echar humo.

3) LA PERSECUCIÓN Y ELIMINACIÓN DE LO PÚBLICO. La educación, la sanidad y ahora la televisión. Es curioso: se dice que es una manera de ahorrar dinero, pero no es cierto. Ése sector privado tan alabado ni da la misma calidad de servicios, ni se mueve por otra cosa que no sea el beneficio económico… Y está subvencionado por el Estado. Primero, regalándole una gran cartera de clientes (todos los españoles). Segundo, con participaciones de políticos en el traspaso de negocio con ganancias evidentes que, parece, no merecen la atención de fiscales ni jueces. Tercero, con subvenciones en caso de pérdidas.

4) LO NECESARIO Y LO QUE NO LO ES. En crisis, se dice que lo importante es el paro.. Pero se toman medidas para que, precisamente, crezca. Luego se dice que hay cosas más importantes que la cultura, la educación o la televisión. Es un lenguaje de posguerra, de transición, impropio de un país moderno. ¿Hay que recortar? Sí. Pero no a costa de una pérdida que aún nos empobrecerá más. Y lo hará en algo tan importante como el trabajo o en el nivel cultural de los españoles. Una televisión pública es la referencia de un país y de la actividad privada en ese mismo sector. Querer hacer una televisión a la americana es imposible. Ni hay la misma industria ni la fuerza de las televisiones por cable (en la TDT se dieron concesiones a cadenas que reemiten y sólo hacen mesas redondas, nunca producen). Fueron concesiones políticas, no profesionales.

Lo siento, pero, aún guardando ciertas diferencias (en la 2, ninguna: es mejor la nuestra), TVE está más cerca de la BBC que nuestras privadas de Channel Four o la DSF. Y es líder de audiencia. Tiene un prestigio internacional. Y, muy importante, estamos hablando de algo (la televisión) cuyo consumo en tiempos de crisis es máximo. El pasado enero se han vuelto a batir records en nuestro país: no creo que no sea un negocio poco rentable si se encauza como es debido. Es decir, con más inteligencia que recortando.

5) CULTURA Y SEÑAS DE IDENTIDAD. Se podrán tomar las medidas económicas que se quieran, aunque si son éstas dudo que levantems la cabeza en nada. Además, se toman otras (ley del aborto, posibilidad de que te cases o te divorcies con un notario -¡¡¡cómo se nota que Gallardón es de familia de notarios!!!, lástima que no hubiera sido de guionistas, atrezzistas, eléctricos… Lo mismo nos arreglaba el problema-, eliminar la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la alcaldesa de Madrid pide voluntarios para mantener sus centros culturales…). Nada que objetar. Han arrasado en las elecciones (algo que debería hacer recapacitar a políticos de izquierda y a electores) y no creo que se esté haciendo nada que no se esperara.

Pero hay que avisar que si se sigue por esta senda y no hay oposición que lo critique (que parece no haberla, muda como la prensa), nos encaminamos a una vulgaridad y un desierto que hará (como  los recortes en I+D) que un país que debería querer ser grande, se haga pequeño. Sin señas de identidad. Sin cultura. Sin educación. Acrítico. Y un país que no tiene ese orgullo ni esa identidad, nunca tendrá ni economía ni industria porque ésta es el resultado de la esperanza, el optimismo y el trabajo. Y las dos primeras cosas se matan con estas medidas. La tercera, parece que no importa, cuando se castiga a quien lo ha hecho bien o se le elimina.

TVE no es el único ejemplo: el director general de Tráfico acaba de ser destituido tras rebajar un 60% los accidentes, algo que no pasaría en países de nustro entorno).

6) OPOSICIÓN Y SINDICATOS. La oposición (antes gobierno) no ha tomado medidas para evitar estos golpes. Todo lo contrario, con medidas como la supresión de la publicidad ha dado el primer paso para llegar donde estamos. Ha dejado sin defensa a TVE ante lo que va a ser su destino: el desmantelamiento. No es la primera vez que lo hace: por ejemplo, en Educación, lanzó ayudas al sector privado ahorrándole ese paso a quienes ahora gobiernan (y a la propia Iglesia). Ha preferido disputarse sus cargos dentro del partido que a crear un partido que defienda al país de estos embates. Y siguen en ello.

Los sindicatos. Me ceñiré a nuestro sector audiovisual. ¿Se puede esperar de ellos una mínima sensibilidad? Yo no la espero. ¿Qué se puede esperar cuando han impedido que los guionistas hayamos accedido a las  mesas de negociación de nuestro sector? (gracias González Sinde, para ser guionista, poco has hecho).

Una prueba del desprecio a la industria cultural es que hasta hace nada ni epígrafe teníamos los guionistas, los gestores culturales… en el INEM… Es tercermundista que ni siquiera tengamos la posibilidad de poner una tabla de salarios en las webs de quienes nos representan para que no seamos engañados. ¿Podemos esperar directores, guionistas, creativos de este sector -sin nuestro trabajo, los que no nos dejan sentarnos en las mesas de negociación no tendrían trabajo- que defiendan situaciones como ésta?. Sinceramente, lo dudo. Siguen pensando que industria es obrerismo (líbreme Dios de despreciarlo, pero no debe ser sólo eso), fábricas de automóviles y grandes empresas… cuando la industria cultural genera en el mundo unos beneficios superiores a muchas industrias tradicionales, las únicas que ellos protegen.

RESUMEN: estamos jodidos. Y quien crea que esto es sólo la alarma de alguien afectado por este problema en concreto, se equivoca. El verdadero problema es la falta de tejido social, de crítica, de nuestro país. La incapacidad de reacción ante las decisiones de unos políticos que se sienten libres de trabas para (además con el respaldo que da la democracia) tomar medidas inconscientes cuyo fracaso no tendrá responsable.

El verdadero problema es la inacción y, aún peor, que toda acción se pierde en un universo lleno de medios de comunicación que no comunican la realidad ni la analizan.

Mientras, miles de ingenieros y licenciados en otras carreras de alta cualificación dejan España para trabajar en el extranjero, tras haber invertido el Estado en una formación de la que ahora se beneficiarán otros. Mientras, el Senado (ese símbolo de inutilidad) sigue abierto. Mientras, quienes desde el poder hablan de la herencia recibida se olvidan del fracaso de sus políticas en las comunidades autónomas regidas por su mismo partido (la Comunidad Valenciana sobre todas ellas… La madrileña, si se desvelara toda su ingeniería económica, también). Y su ministro de Justicia, hasta hace nada alcalde de la ciudad más endeudada de Europa, posa en la foto de un gobierno que pide restricciones y ahorro. Dentro de unos días doy clase a jóvenes guionistas: les diré que aprendan inglés y que emigren. Es lo que haría yo si tuviera su edad.

Ahora, se pide esfuerzos y sacrificios a una ciudadanía que no es culpable de esta crisis. Una ciudadanía que, además de esforzarse, ve cómo se burlan de ella cuando el ministro de Economía habla de que los bancos deben bajar los precios de los pisos que guardan y luego calcula que habrá que despedir a cerca de 40.000 personas de bancos y cajas: ¿serán ellos los que compren los pisos con el dinero del paro? ¿Lo serán toda la gente que se está quedando sin trabajo con medidas como ésta?

La burla puede llegar más lejos. En Italia, su presidente Mario Monti ha declarado que el trabajo fijo es monótono y que “es mucho más bonito cambiar y aceptar nuevos desafiíos”. Mario Monti es senador vitalicio. O sea, que todo es cuestión de aburrimiento.

Bromas de mal gusto aparte, esa ciudadanía tendrá que asumir el co-pago en atención sanitaria, que verá (si es humilde) las dificultades de sus hijos puedan aspirar a algo por mucho que estudien… Y que cuando lleguen a casa verán programas del corazón, informativos llenos de videos de youtube (ojo: los informativos de TVE serán el siguiente objetivo), realities y series del siglo XII en las que es posible ver a uno de sus personajes hacer anuncios de ING Direct como si por aquella época existiera. O televisiones públicas como la valenciana y la madrileña, fieles servidoras de sus políticos y ajenas a su público (ver audiencias y comparar con la catalana, la vasca o la gallega).

El día que la lectura, el ocio, la televisión, el uso que un ciudadano hace de su tiempo libre (convirtiéndose en consumidor y generando industria con ello) se tengan en cuenta, este país será un país moderno: porque eso es también economía, dinero, publicidad, industria… No parece que vayamos por ese camino.

Como escribió Juanjo Millás cuando la huelga de guionistas de Hollywood  (“Pan y Circo”, 9 de noviembre del 2007):  “No se puede vivir sin comida, claro. ¿Y sin fábulas? Quizá tampoco. (…)  Desde que el mundo el mundo, mientras unos amasan el pan que comemos por la mañana, otros urden las historias que devoramos por la noche. Estamos hechos de pan y de novelas. (…) Imaginen un mundo sin cine, sin novelas, sin cómics, si series de televisión, sin culebrones; sólo realidad a palo seco, o sucedáneos de las fábulas como los que nos sirven los políticos. Ese señor tan raro que se acuesta cuando usted se levanta es guionista. Un respeto.

En este caso, cuando se lea guionista, entiéndase también productor, director, ayudante de dirección, ayudantes de producción, localizador, director de casting, los de sonido, fotógrafo, los montadores, los de atrezzo, eléctricos y hasta los guardias jurados que vigilan un plato. En esto, estamos todos juntos… Aunque tantas veces no nos hayan querido, a nosotros los guionistas, junto a ellos cuando queríamos defender nuestros derechos.

Para todos, un respeto.

PS: A los que piensen que escribo esto como implicado porque soy director argumental y jefe de guión de Isabel en su primera temporada o porque he trabajado estos últimos cuatro años para Diagonal, decirles que he dejado esta productora y ya he cobrado religiosamente todo mi trabajo. Lo cual quiere decir dos cosas: 1) que no obtengo beneficio económico alguno, aunque, evidentemente, que el público vea la serie es de mi máximo interés; 2) que la nombrada productora, junto a las otras que han parado la emisión de sus series (Bambú, Globomedia) han hecho un desembolso que a ver cómo recuperan y en qué tiempo, algo no menos grave que lo que arriba cuento.

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Javier Olivares: Estudió dos años en el Laboratorio del TEC, teniendo como maestros a William Layton, José Carlos Plaza, Miguel Narros… En prensa, fue redactor jefe de La Luna de Madrid. Ha estrenado diversas obras de teatro, como autor, adaptador y director. Como guionista ha trabajado en programas (La Última Noche, El Club de la Comedia…) y en series como Robles Investigador, El secreto de la porcelana, Los Serrano, Pelotas –en todas junto a su hermano Pablo Olivares-, Los hombres de Paco, Ventdelplà, Infidels, Kubala Moreno i Manchón (estas dos últimas como creador y productor ejecutivo) e Isabel, de la que es director argumental y jefe de guión. Profesor de guión en el Master de Producción Audiovisual de la U. Complutense y en la ESCAC de Barcelona.

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