Críticas, teatro

El montaplatos de Harold Pinter (Teatre Lliure)

 

Durante los últimos días he visto bastantes cosas que no he tenido tiempo de comentar aquí, principalmente por estar trabajando cuatro días seguidos desde las nueve de la mañana hasta las siete de la tarde. También tenía la conciencia tranquila porque el post sobre Lo Imposible hacía que mi media semanal de visitantes permaneciese en un número bastante interesante, así que no tenía la presión de escribir para equilibrar visitas y que mi estadística de lectores fuese estable.

Pero creo que ya va siendo hora de comentar cosas nuevas y qué mejor que empezar por la última obra de teatro que he visto?

El montaplatos es una obra de un solo acto, escrita por Harold Pinter. Dos personajes, un sólo espacio y una incógnita. A eso se reduce esta historia. Dos sicarios que son contratados para hacer una “faena” y que deben esperar a la señal de su superior para llevarla a cabo. Y mientras esperan dicha llamada, minutos de desesperación, intranquilidad, indignación, conversaciones estúpidas o sin sentido…. hasta un final que puede sorprender a más de uno.

Yo nunca había visto a Animalario en escena, aunque siempre había leído críticas buenísimas sobre su trabajo. Y en esta ocasión puedo decir que, realmente, Willy Toledo y Alberto San Juán hacen una demostración de talento y de temple, ya que no es fácil para dos actores ser capaces de crear una atmósfera y que sus personajes aguanten toda la función sin caer en el cansancio ni en la sobreactuación. Para mí, el que mejor hace su trabajo es Willy Toledo (su personaje, de hecho, es el más interesante de la obra), mientras que Alberto San Juán lo vi un poco más forzado y sobreactuado. Pero aún así hacen muy buen trabajo.

Mi opinión es que, a lo mejor, la obra se hace demasiado larga. Uno de los elementos importantes es mantener la tensión sobre el final del espectáculo, saber qué pasará con estos dos sicarios y si llevarán a cabo su “trabajo” o no. Pero si descubres el final antes de tiempo (como me pasó a mí), entonces la obra se convierte en una repetición constante de frases y de situaciones.

Sin duda es una buena vuelta de tuerca al famoso Esperando a Godot pero, como digo, yo creo que le sobra una media hora de duración. Eso sí, es una obra muy recomendable para ver, sobretodo por el talento de los dos protagonistas.

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