Críticas, teatro

Quan despertem d’entre els morts (TNC)

ibsen

“Quan despertem d’entre els morts” casi se me escapa.

Normalmente, a principio de temporada recibimos en casa los distintos catálogos de los teatros a los que acostumbramos ir (el Nacional, el Lliure, el Grec…) y vamos eligiendo las obras que nos apetecen ver y, a veces, llegamos a comprar las entradas cuando aún no se ha anunciado el reparto completo. Esta obra, aunque no estaba entre las elegidas a principios de año, la acabamos incluyendo entre nuestras selecciones porque participa Lina Lambert, actriz a la que le seguimos mucho la pista (entre otras causas porque fue mi profesora particular de inglés y porque tiene un gusto muy acertado en todas y cada una de las obras en las que participa). Pero, como digo, en esta ocasión casi se nos escapa. Al final llegamos a ver su última representación, el pasado Domingo.

¿Qué nos encontramos? Pues con una aproximación bastante sobreactuada a un texto que, según el libreto promocional es la obra maestra de Ibsen. Últimamente la mayoría de representaciones a las que he ido me he encontrado con el mismo problema: una sobreactuación interpretativa. ¿Será una moda o acaso los directores entienden que para “llegar” al espectador tienen que forzar la voz y los gestos?

El trío protagonista está demasiado forzado, demasiado gritón, demasiado dramático para una obra que, probablemente, sería más profunda si los personajes fuesen mucho más cercanos, más humanos. En cambio, los otros tres actores (el cazador, el sirviente y la Diaconesa) están bastante bien. Más moderados, más interesantes. Y como ejemplo, nada mejor que el personaje de la Diaconesa, que sin decir una sola palabra es capaz de crear un malestar, una extrañeza al público con una simple mirada, con una leve sonrisa. Ese es el estilo que debería llevarse a cabo a lo largo de toda la obra y no tanto griterio.

Otra cosa que no me gusta, aunque tampoco era muy utilizado, era la danza contemporánea. ¿Por qué? ¿Qué necesidad hay de cambiar cada escena con un extraño movimiento o con un extraño baile? ¿Qué aporta a la obra? Nunca acabaré de entender estas libertades que no son necesarias para que avance la trama. Si formasen parte del discurso, o de la visión del director, aún. Pero que sólo sea un “juego” para cambiar de escena… ¿aporta algo?

En cambio, la dirección artística sí que me gustó. El juego de las piezas tapadas, de los bloques de mármol y de las montañas está muy bien construido. Es, de hecho, una de las mejores cosas que tiene “Quan despertem d’entre els morts”. Y el vestuario también me gustó bastante. Usar la paleta de los blancos y los blancos rotos está muy bien. Al menos a mí me lo parece.

En definitiva, otra obra de teatro que por querer ser intensa se pasa de sobreactuada. Y ya van…

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