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La lucha del todo gratis (o el caso cultura vs. Airbnb/Uber)

A ver, ¿cuánta gente se ha descargado series de televisión este año? ¿Películas? ¿Música? ¿Libros? Si la respuesta es: “yo nunca me he descargado nada”, probablemente sea mentira. Estamos en un país donde la picaresca siempre ha existido (de “El lazarillo de Tormes” hasta Undargarin y Bárcenas).

Cuando llegó internet, nadie supo predecir lo que ello iba a implicar. Era un lugar todavía por explorar, por descubrir. Poco a poco se empezó a construir un sistema de intercambios de archivos, sobre todo de productos culturales: fueron apareciendo programas tipo Napster (para compartir archivos de mp3 entre usuarios) y, más tarde, todos los buscadores y programas de descarga de archivos torrent. Pero sólo unos pocos vieron que eso era peligroso. Total, ¿qué importa si los consumidores descargan gratuitamente películas, series y música? Los pobres artistas viven de las subvenciones, es una industria que no interesa a nadie.

Pero luego vinieron las páginas que ponían en contacto a gente que, libremente, compartía casa para que los turistas que visitaban la ciudad X pudiesen alojarse en su hogar pagando mucho menos que lo que costaría una habitación de hotel. O conductores que ofrecían su coche a otros usuarios que tenían que viajar al sitio Y lo hiciesen de una manera más barata que pidiendo un taxi.

Ah. ¡Eso es diferente!

Nadie puede tocar el la industria del turismo, ni la del transporte. Ahí hay muchos intereses políticos y económicos para que vengan cuatro inútiles de internet y trastoquen el sistema. ¡En este caso sí que tenemos que perseguir las páginas que ofrecen estos servicios! ¡Vamos a multarlos! ¡Vamos a ir casa a casa por todo un vecindario y llamaremos al timbre, inspeccionaremos cada casa y descubriremos si la alquilan de manera legal o ilegal.

¿No da que pensar?

Cuando se ha tocado algo que genera mucho dinero a los gobiernos, éste ha utilizado todo su poder para intentar eliminarlo. Probablemente porque estas plataformas (AirBnb o Uber, por poner dos ejemplos muy famosos) podía provocar un descenso de ingresos en las arcas del estado y además los grupos hoteleros y las asociaciones de taxistas deben haber presionado al gobierno para que hiciese algo para eliminar el problema de raíz.

Pero, volvamos al mundo de la industria cultural. A pesar de que el mundo de la cultura ha estado reivindicando una lucha contra la piratería, nadie ha movido un dedo para intentar frenar o buscar alternativas al “todo gratis”. ¿Por qué? Yo diré la respuesta: la industria de las telecomunicaciones.

El usuario está dispuesto a pagar 50 euros mensuales para que su red teléfonica descargue en pocos segundos ese capítulo de esa serie de la que todo el mundo habla. Y el usuario también está dispuesto a pagar 500 euros por una tableta donde poder disfrutar de ese producto descargado de manera gratis. Pero que nadie le hable de pagar 7 euros por ir al cine, ni 3 euros por ver esa película en una plataforma legal y no se te ocurra pagar un euro por una canción o cinco euros por un e-book. Ah no! No piensan pagar por eso, que para algo lo pueden descargar gratis y verlo en su pantalla 3D 4K recién comprada o en su Ipad Air de última generación.

Hasta que nadie explique realmente que el “todo gratis” no existe, sino que simplemente se están aprovechando de la excusa del “todo gratis” para vender más móviles, más tablets, más megas por segundo, más discos duros, más televisores… la industria cultural no tendrá solución.

Sólo espero que no llegue el día en que la gente que producimos contenido audiovisual/cultural no desaparezcamos… porque si eso ocurre, ¿para qué tanto aparatito si no habrá nada que ver/leer en él?

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Mantener un blog en el mundo virtual

¿Por qué tener un blog?

Ésta es la pregunta que cualquier persona se hace cuando las ganas de actualizar desaparecen. ¿Para qué mantener un blog con lo complicado que es, con el esfuerzo que implica buscar temas de interés y que no se hayan contado/tratado/visto antes?

Cuando empecé a escribir en el 2005 (sí, este espacio está a punto de cumplir diez años) era más fácil. Los temas eran los propios de un estudiante de universidad: los trabajos, los proyectos y las diferencias de criterio entre alumnos y profesores. Poco a poco fue evolucionando hacia un espacio donde hablar de mis trabajos (y los de mis amigos) y de un lugar donde compartir las series que me gustaban, las canciones que escuchaba o las películas que veía.

Pero internet ha cambiado mucho en diez años. Antes sólo existía el messenger, algunos tenían Fotolog o MySpace… y poco más. La vida digital no era tan importante como lo es hoy en día. Ahora todos debemos mantener nuestros correspondientes perfiles de Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIN… y esto significa tiempo. Además, si comparto algo por Facebook, ¿qué gracia tiene que también lo comparta en este blog? ¿O por twitter?

Cada plataforma debe tener su utilidad, su entidad. Y el blog estaba perdiendo la suya en favor de Facebook y Twitter. Así pues, ¿para qué mantener un blog en el 2015?

La respuesta es: me gusta tener un blog. No encuentra otra respuesta.

He estado durante el 2014 planteándome qué escribir, qué puedo incluir aquí que no lo haga ya en Facebook, Twitter o Instagram. Y la solución es, escribir sobre lo que pienso. Tranquilamente, sin prisas. Sin pensar que tienen que ser textos de 250 carácteres (como twitter), ni que tienen que incluir videos o gatitos (como en Facebook), ni pensar qué filtro pondré para que la foto quede mejor (como en Instagram).

El blog es el espacio más personal de los que tengo. Y espero que aguante otros diez años más.

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